Entrevista: Fernando Savater

[Mejor leerla en PDF | Esta entrevista es un trabajo conjunto de Víctor Ruiz-Alejos Forcada y un servidor | Finalistas Concurso Jóvenes Periodistas de Vanity Fair ]

Una bata y unos ojos entreabiertos son su carta de presentación. Su relación con Madrid nunca ha sido idílica pero su pequeño piso funciona como un refugio. Se siente cómodo rodeado de miles de libros y una gran televisión donde sigue carreras de caballos de todo el mundo, su segunda gran pasión después de la lectura. Se considera una persona colérica pero su sonrisa constante delata que hacen falta más que unas malas palabras para provocar su enfado. Fernando Savater (San Sebastián, 1947) reflexiona desde la experiencia sobre aquellos temas que no ocupan portadas. Sin contemplaciones, igual que su filosofía. 

Después de tantos años, ¿quién es Savater para Savater? ¿Ha llegado a conocerse alguna vez? 

No, tampoco me he esforzado mucho. He sentido curiosidad por casi todo lo demás –el mundo, los libros–, pero no por mí. No soy muy dado a la introspección, me tengo demasiado cerca. 

Empezó a escribir muy joven, sobre los diez años. ¿Qué es más importante, el instinto o el aprendizaje? 

Un poco de ambas. La lectura es la verdadera preparación para escribir. Primero imitas a unos autores, incluso copias –inconscientemente– y con el tiempo vas adquiriendo tus propias virtudes o tus propios errores; te vas pareciendo más a ti mismo. 

Siempre ha dicho que lo que hace –leer, pensar, escribir, hablar…– no se puede considerar un trabajo, sino una actividad, un entretenimiento. 

Sí, he tenido la habilidad de cobrar por hacer lo que me gusta. Convencer a los demás para que te paguen por lo que normalmente harías gratis es una aptitud fundamental en la vida (risas). En ese sentido, soy una persona muy activa pero nada trabajadora. 

Su actividad más reconocida ha sido la divulgación de la filosofía, ¿qué papel tiene actualmente esta en la sociedad? 

Creo que trata de acercarse a las preguntas que no podemos responder pero sin las cuales tampoco podemos vivir. La mayoría de cuestiones que nos planteamos en el día a día son meramente instrumentales: lo que interesa es la respuesta. En la filosofía, lo importante son las preguntas. La ciencia y otras disciplinas buscan zanjar las preguntas, pero con las de filosofía se convive. 

El también pensador Jesús Mosterín declara que la filosofía al margen de la ciencia es una disciplina banal y aburrida. ¿Es posible una filosofía sin ciencia? 

La filosofía de Mosterín es aburrida y banal, eso sin duda (risas). La ciencia responde a qué son las cosas. La literatura, en el otro extremo, se caracteriza por el subjetivismo y la interpretación personal. Y la filosofía se encuentra en un término medio: el sujeto describe el significado del mundo en el que se encuentra. Quien cree que la filosofía es una especie de ciencia llevada hasta el último extremo no entiende qué es realmente. 

La cuestión de la naturaleza humana ha sido siempre objeto de debate entre numerosos filósofos. En su opinión, ¿el ser humano nace o se hace? 

Los antropólogos dicen que los seres humanos padecemos neotenia, es decir, que nacemos demasiado pronto. Nacemos dos veces: una en el útero materno y otra en el útero social. Salimos al mundo desprovistos de casi todo tipo de instintos. Los animales nacen programados y nosotros nacemos programados para autoprogramarnos. 

¿Y cómo se debería ‘programar’ a las personas? ¿Es necesaria una educación que nos permita ser durante más tiempo niños para favorecer la creatividad? 

Educar es un proceso que nos conduce a ser adultos. Los niños no necesitan aprender a jugar; están deseando que les dejen en paz para divertirse como les dé la gana. Hay que educar para una vida en la cual esté incluida la necesidad y la responsabilidad, no solamente lo lúdico. No existe un sistema único e ideal. El problema surge cuando los malos educadores llegan antes que los buenos. En su día escribí El valor de educar donde comentaba los requisitos de cualquier educación pero…

No le han hecho mucho caso, ¿no? 

Eso me ha pasado con casi todos mis libros (risas). 

¿En un futuro, y con una educación adecuada, podríamos vivir sin Estado?

 Los seres humanos somos demasiado numerosos y diversos para no funcionar sin ningún tipo de mecanismo unificador. Muy pocas personas, quizá una pareja o poco más, pueden vivir sin unas reglas precisas. Pero en cuanto se amplía el número, las instituciones se hacen necesarias, especialmente para los débiles. Las Naciones, entendidas como Estados, cumplen actualmente una función fundamental. Los intentos de crear organizaciones internacionales para garantizar los derechos humanos no han funcionado hasta ahora de manera muy efectiva. Y son las Naciones las que garantizan estos derechos. Un hombre en la plenitud de su edad puede pensar que viviría mejor sin ninguna institución de la que depender. Pero, como dijo Hobbes, hasta el más fuerte puede morir a manos del más pequeño mientras duerme. 

¿Es posible que una Nación sobreviva sin incurrir en el nacionalismo? 

Es necesario si no se quiere convertir el Estado en una tribu. El nacionalismo en el siglo XVIII era una forma de lucha contra el poder absoluto de los reyes; fue emancipador frente al absolutismo regio. En la actualidad, sin embargo, se ha convertido en un obstáculo en un mundo cada vez más universalizado e interconectado. El nacionalismo se convierte en una separación forzosa de los humanos, en una segregación e incluso más si afecta a una estructura del Estado de derecho. 

En esta época de crisis y protestas, ¿cuál es su manual de indignación? ¿Cómo se debe actuar cuando se está enfadado con el sistema? 

Debemos evitar señalar culpables sin reflexionar antes sobre nuestras propias responsabilidades. ¡En una sociedad democrática todos somos políticos! Las cosas se hacen mal, entre otras razones, porque la gente se inhibe y espera que los demás actúen. De vez en cuando es importante recordar que los hechos injustos, seguramente, tienen alternativas. Pero buscarlas no significa tirarle a alguien una piedra. 

¿De qué mecanismos disponemos para no utilizar la violencia? 

La sociedad en sí es un mecanismo que intenta buscar paliativos y sustitutivos, alternativas racionales a la violencia. En los lugares más cruentos del mundo la gente es mucho más dulce en su trato porque saben que la violencia se encuentra presente. Por ejemplo, no hay país más cortés que México; mientras, los europeos somos mucho más bruscos. Aquí, la gente se grita gilipollas porque es muy raro que alguien lleve una pistola y le pegue un tiro a quien le ha insultado. 

¿La cultura actual propicia la ignorancia y lo burdo? 

Walter Benjamin decía que todo monumento de cultura es también un monumento de barbarie. Los grandes inventos y avances inmediatamente se pervierten. Menos de cuarenta años después de que Gutenberg inventara la imprenta casi todo lo que se editaba eran novelitas con grabados pornográficos, no es una cosa de la televisión o del día a día. Es inevitable que los instrumentos del conocimiento caigan en manos que los trivialicen. Todo lo que es potente puede ser mal utilizado. 

Después de tanto tiempo, tanta reflexión, tanto pensamiento, ¿el conocimiento está sobrevalorado? ¿Se puede ser feliz sin razón? 

Como decía Joaquín Bartrina: “si quieres ser feliz, como me dices, no analices, muchacho, no analices”. La ignorancia no hace feliz a nadie porque no es cómodo vivir una vida entregada a los demás, sin cuestionar el orden establecido. No me parece envidiable. 

¿Cómo lleva lo de hacerse viejo? 

En vista de las alternativas… (risas) 

¿Le falta algo por vivir? 

Eso espero. Lo bueno que tiene la vejez –una de las pocas cosas buenas– es que se vive mucho más en el presente. Mientras uno es joven, siempre está a la espera, a la víspera de algo bueno que va a llegar. Ahora sólo pienso en el momento. 

¿Y qué es lo que más teme? 

El dolor y la muerte de los que quiero. Hay una frase de los estoicos que mantenía: “quien ama a una mujer o a sus hijos da rehenes a la fortuna”. Cuando te pasan las cosas a ti puedes sacar pecho pero cuando le pasan a las personas que quieres te encuentras mucho más desvalido.


Entrevista: Carlos Martínez Gorriarán

Carlos Martínez Gorriarán (1959, San Sebastián) nos espera con una amigable sonrisa en su despacho. El diputado de UPyD, no se mantiene ni un minuto quieto hasta que comienza la entrevista. Ya se sabe, el ritmo de los políticos. De verbo fácil y palabra rápida, el responsable del programa político magenta nos habla de la actualidad económica, política y social. Una charla concisa que abarca desde el nacionalismo catalán hasta las medidas de Rajoy, pasando por el futuro de su partido.

Comenzó su andadura en el grupo juvenil IT -un grupo vasco de ideología marxista-, años después vino el movimiento ¡Basta Ya! y ahora UPyD. ¿Qué significa la política para usted?

Sobre todo, una obligación. Estoy en la política porque creo que debemos comprometernos, no se puede simplemente protestar. Normalmente, si esperas que otros hagan las cosas por ti, no ocurren nunca. Comencé mi actividad política durante el inicio de la Transición, en el grupo vasco IT, y posteriormente lo dejé. Varios años después, otra vez en el País Vasco, y debido a la insoportable situación creada por el terrorismo etarra, me incorporé al grupo cívico ¡Basta Ya! De ahí salió la idea de que era necesario crear un partido político nuevo. Y en eso estamos.

Sin embargo, parece que la política española se encuentra en crisis. Un 87 % de los ciudadanos, según la última encuesta de Metroscopia, es pesimista sobre la situación política actual. ¿Qué soluciones hay para paliar el desencanto actual de los ciudadanos?

La solución pasa, básicamente, por que la política sea mucho mejor. Pero también es necesario que la gente se comprometa más. En España hay mucha afición al pataleo, a protestar pero no hacer nada. Mucha indignación y cabreo pero muy poca acción y compromiso.

También se debe decir que un país tiene los políticos que se merece. A nuestros representantes los han votado los españoles. Algunos, a pesar de ser corruptos, son reelegidos una y otra vez. Y eso ocurre porque la gente quiere; no vamos a engañarnos, esto no es una dictadura, hay elecciones libres. El primer paso para comenzar a valorar la política radica en que la ciudadanos elijan mejor. 

UPyD ha defendido en numerosas ocasiones medidas para racionalizar el gasto político, en concreto, la reducción de los sueldos de los cargos públicos. ¿No cree que al recibir un sueldo menor los políticos tienen más incentivos para corromperse? 

Nosotros no queremos que se bajen los sueldos a todo el mundo. Lo que propone UPyD es que exista una ley que establezca las remuneraciones de los políticos en base a un baremo. En definitiva, que haya lógica: que se cobre más cuanto más responsabilidad y más trabajo conlleve el cargo. Lo que hay ahora es un caos, un asesor municipal puede cobrar más que el presidente del gobierno. Sin embargo, los diputados no cobran mucho para el trabajo que tienen. Además, también tenemos un problema con los profesionales del sector privado. Estos cobran mucho más en su trabajo que con un sueldo de cargo público. Y son personas competentes, que en algún momento deberían ser diputados o concejales ¿Por qué no lo son? Porque la política exige muchísima dedicación e implica perder todos los vínculos profesionales previos. Y claro, cuando se vuelve al sector privado se tienen que reconstruir esas relaciones. 

Además, a eso se le suma que durante el periodo de cargo público no se les ha pagado mucho dinero. Ahí existe un problema: no podemos pretender que los mejores se dediquen a representarnos pero luego decir, “que se busquen la vida”. 

Dentro de las reformas propuestas por su partido también se incluye la supresión de cargos públicos de libre designación. ¿Qué opinión le merece, por ejemplo, el modelo implantado en algunas ciudades de América, donde las ciudades con menos de 50.000 habitantes están gobernadas por gestores, elegidos por su capacidad y no a través de elecciones? 

Nosotros creemos que el sistema de designación de alcaldes es correcto. En España la reducción de altos cargos debería venir a través de la racionalización de las administraciones. Es decir, se deben eliminar administraciones duplicadas, diputaciones, fusionar ayuntamientos… 

También se ha dado una corriente de exageración al respecto. En España no hay medio millón de políticos, como se ha podido leer por Internet. Es cierto, que existen muchos cargos elegidos a dedo, y que ciertos funcionarios podrían hacer ese trabajo igual o mejor. Pero también necesitamos cargos públicos para el correcto funcionamiento de la democracia; para que la administración sea representativa y deliberativa. 

Uno de los grandes focos de corrupción y gasto en España se ha concentrado en las Comunidades Autónomas. ¿Ha fracasado el modelo de estado actual? 

Sí, evidentemente es un modelo insostenible. Tenemos un organigrama de estado muy caro y muy poco eficaz, que solo fue sostenible mientras se dio la época de vacas gordas. ¿Qué ha ocurrido cuando se ha venido abajo el sistema fundado en la construcción y en el crédito inmobiliario? Que el modelo se ha derrumbado: el estado y las comunidades autónomas están arruinadas. Hay que modificar el sistema autonómico. 

¿Qué modelo proponen ustedes? 

Proponemos una reforma bastante radical dirigida hacia un estado federal. En este modelo todas las comunidades autónomas tendrían las mismas competencias y el mismo sistema de financiación. La idea se basaría en la responsabilidad fiscal: cada comunidad autónoma cobraría sus propios impuestos y luego los administraría. 

Además, hay que reducir drásticamente las administraciones. No deben existir duplicidades ni triplicidades. No puede ser que un ayuntamiento tenga funciones que también tienen su diputación o el propio estado. Se tienen que distinguir claramente las competencias. Eso permitiría un ahorro, aproximado, de 40.000 millones de euros al año. 

Dentro del ámbito de las comunidades autónomas, en octubre se celebraron elecciones en el País Vasco. El PNV va a gobernar en solitario, pero lo más significativo es el ascenso de Bildu. ¿Con estos resultados, hacia donde se dirige la sociedad vasca? 

Realmente, Bildu no ha experimentado un gran ascenso, ha tenido los votos de siempre. De hecho, la participación respecto a las anteriores elecciones vascas no se ha incrementado especialmente. En los comicios de 2009, Batasuna era ilegal y, entonces, los que ahora han votado a Bildu eligieron otros partidos. Este hecho demuestra que esas personas pueden estar representadas por otras organizaciones políticas. 

Lo que es un problema grave es la inmovilidad de la izquierda abertzale. El mundo de Batasuna es un mundo que no se mueve, que sigue enrocado en una idea de la política muy poco o nada democrática. Hay que decirlo con toda claridad, es un partido que en otro país sería considerado de extrema derecha. Este hecho es preocupante porque el estado tenía ganada la batalla contra ETA y, con las últimas medidas, se les ha regalado una victoria política a la que no tenían derecho. Los militantes de Batasuna no son demócratas y van a crear muchísimos problemas. Es un cáncer que corroe el sistema y por el que, sin duda, vamos a pagar un precio. 

A pesar de la decisión del Tribunal Constitucional, ¿cree que Bildu debería estar ilegalizada? 

Sí, nosotros lo hemos pedido varias veces. El Tribunal constitucional afirmó que Bildu no era Batasuna, lo cual es un error catastrófico, porque ni si quiera ellos lo disimulan. Es evidente para todo el mundo que Bildu y Batasuna son lo mismo, otra cuestión es que no se quiera ver. Es grave que el Tribunal Constitucional se dedique a falsear la realidad. 

Continuando en el ámbito autonómico, hace unos días se constituyó el Gobierno de Artur Más. En las elecciones catalanas los resultados para UPyD no han sido especialmente favorables. Parece ser que su espacio electoral se encuentra ocupado por Ciutadans. ¿Por qué no se ha dado una unión de fuerzas si son dos partidos con ideologías prácticamente idénticas? 

No creo que seamos iguales. Ciutadans ha obtenido resultados muy buenos en estas elecciones porque eran unos comicios planteados como una consulta sobre la secesión de Cataluña. Mucha gente que está en contra de la independencia ha votado a Ciutadans por la claridad de su mensaje ¿Por qué UPyD ha sacado un resultado tan modesto? Básicamente, por dos razones. Primero, porque es muy complicado conseguir un partido fuerte en Cataluña. Y segundo, porque hemos sido invisibles durante la campaña: una vez más, mucha gente ni sabía que nos presentábamos. 

Pero al margen de eso, UPyD no saca sus mejores resultados en las elecciones autonómicas, a diferencia de las nacionales. Y es algo que tenemos que mejorar, pero no por ello hay que retirarse de Cataluña. Si hiciésemos eso dejaríamos de ser un partido nacional. 

CiU y ERC han acordado realizar una consulta sobre la independencia de Cataluña en 2014. Bajo la legislación actual, sin embargo, este referéndum sería ilegal. ¿UPyD votaría a favor de una reforma de la constitución que permitiese el derecho a la autodeterminación a través de un referéndum? 

La autodeterminación no, porque significaría la existencia de una parte que decide por el todo; es decir, introduciría una desigualdad radical. Si se aceptara la autodeterminación de Cataluña se estaría afirmando que es una entidad soberana. Además, los catalanes votarían sobre lo que pasa no solo en Cataluña, sino en el resto de España. Y evidentemente, sobre lo que afecta al conjunto del país debemos votar todos los españoles. En lo que sí estaríamos de acuerdo es en estudiar la celebración de un referéndum en el cual todos los ciudadanos votasen. Porque si solo votan los catalanes -o los vasco, o los gallegos, o los de Huelva-, se está dando por buena la ruptura previa del estado. Se estaría aceptando que no todos tenemos los mismos derechos y que hay ciudadanos de primera y de segunda. 

Se acusa a UPyD de combatir el nacionalismo periférico con un nacionalismo central. ¿Cuál es su idea de ser español? 

Para mí, ser español es ser ciudadano de tu país. No es más que una simple casualidad: nadie pide donde nacer. La ciudadanía es fundamental porque otorga libertad e igualdad a las personas. Y eso es tener la nacionalidad española: la ciudadanía de un país que es constitucional. 

Por mucho que se diga, esto no es nacionalismo. Lo que ocurre es que los nacionalistas se dedican a decir que todo el mundo es como ellos. Y claro, si no eres de los suyos te dicen que eres nacionalista de los otros. Además, como España es un país con muy poca cultura política, la izquierda acomplejada ha hecho suya esta majadería y se dedican a decir que es nacionalista cualquiera que lleve la contraria a los mismos. Es una acusación absurda. 

UPyD, tiene como objetivo, a corto plazo, ser la tercera fuerza política de España. Sin embargo, gran parte de sus votos se concentran en Madrid (y en menor medida Valencia). ¿Se puede llegar a ser tercera fuerza con unos resultados tan discretos en Andalucía, Galicia y Cataluña? ¿Debe UPyD cambiar de estrategia? 

En realidad, en varias de estas comunidades tenemos muchos votos, lo que pasa es que tienen leyes electorales muy injustas con las que es muy difícil entrar en los respectivos parlamentos. Legislaciones que se han hecho para impedir que los partidos nuevos entren; para restringir el pluralismo y reforzar el bipartidismo. 

A pesar de ello, tenemos un número creciente de votos fuera de Madrid en cada proceso electoral. En 2008, cuando se creó el partido, teníamos prácticamente la mitad de los votos en Madrid, pero en las últimas elecciones ya tuvimos fuera más dos tercios. Es un proceso que lleva tiempo. Lo que es absurdo, es pensar que en cinco años un partido político va a obtener los mismos resultados en toda España, como si fuera un país homogéneo y empezar a cambiar de estrategia nacional. 

Hablando de estrategias, parece ser que la adoptada por el PP durante este año de gobierno no está gustando ni a sus propios votantes. ¿Qué opinión le merece el primer año de legislatura en términos económicos-políticos? 

La prueba catastrófica de una enorme improvisación. Es evidente que el PP no tenía ningún plan, ni alternativa económica ni política. La situación ha empeorado con ellos, pero no porque gobiernen peor que el PSOE, sino porque lo hacen igual. Apenas hay diferencias de fondo entre la política que siguió Zapatero y la que está manteniendo Rajoy. Para empezar, ambos han negado la realidad. Por ejemplo, ahora se está insistiendo, desde el Ejecutivo, que en el año 2013 vamos a comenzar a crecer. Esto no se lo cree nadie. Es el mismo empeño en tratar a la gente como si fuera idiota; el mismo empeño en el pensamiento mágico de que las cosas se cambian con palabras en vez de con acciones. En ese sentido, ha sido un año muy decepcionante porque se ha visto como el PP no tenía ningún proyecto. No solo en economía, tampoco en educación, ni en servicios sociales. 

En realidad, toda la política del PP este año se ha dirigido a dos objetivos. Por un lado, a salvar a las cajas de ahorro, es decir, la parte del sistema financiero que había quebrado. España se está arruinando porque está invirtiendo el dinero que tiene -y el que no tiene- en salvar un sistema financiero que se debería haber dejado caer ordenadamente. Por otra parte, se niegan a cambiar la estructura del estado ¿Por qué? Porque es la cantera donde colocan a sus cuadros los partidos políticos tradicionales. 

Dentro del ámbito económico, el modelo productivo español se encuentra en franco declive, con casi seis millones de parados. Hay una generación que ni estudia ni trabaja y está prácticamente perdida en el mercado laboral. ¿Hay salida para esta situación? 

Bueno, es recuperable. Se pueden estudiar planes para darle a esa gente la formación que no tienen. Pero también se deben realizar otras reformas, especialmente laborales. En España hay un problema grave respecto a la estructura del mercado laboral: hay mucho empleo barato porque es precario. Si no fuese tan barato a las empresas les interesaría formar bien a sus trabajadores para que sigan en la empresa todo el tiempo que puedan. En cambio, a un trabajador que cobra una porquería se le puede despedir cuando quiera. 

En consecuencia, en España las crisis económicas siempre se “solucionan” despidiendo a trabajadores. Por eso somos un país con un paro altísimo. La causa de ello es nuestro mercado laboral, que es dual. Por ejemplo, si un joven busca trabajo y lo encuentra, tiene un 95 % de probabilidades de que sea precario, porque los empleos protegidos se han quedado para una minoría de empleados mayores. 

Nosotros lo que proponemos es un mercado radicalmente distinto, con contrato único. Esto permitiría que todo el mundo tuviese los mismos derechos laborales y que las empresas se interesasen en mantener y mejorar sus plantillas, como en otros países. Por ejemplo, en Alemania y Austria, en épocas de crisis económica, se ha reducido las horas de trabajo y no se han producido despidos masivos. Posteriormente, cuando aumentaba la actividad económica se volvía a ampliar las horas de trabajo. En España no se puede hacer nada de eso porque hay una legislación laboral que lo impide y que solo interesa a patronales y sindicatos. Además, también hace falta un modelo económico que logre crear empleo. 

Hablando del modelo económico, ¿hay vida más allá del ladrillo? 

Sí, claro. Es necesario disponer un modelo económico basado en empresas con alto valor añadido. De hecho, lo que mantiene a flote a la economía española es la industria exportadora. España tiene industrias muy buenas y no se les está apoyando, ni protegiendo de los efectos de la crisis. Y ahí se encuentra el cambio del modelo económico: olvidarnos del ladrillo. Se tiene que conseguir que el sector financiero se dedique a dar créditos a emprendedores, a gente que se quiere dedicar a crear nuevas empresas, también a las empresas grandes. En definitiva, que no dependamos de la demanda de viviendas.

Antes ha mencionado a los servicios públicos. Últimamente, ha estado en la agenda mediática el tema de las privatización de la sanidad.  ¿Hay cabida en UPyD a las ideas que abogan por un modelo de concesión o de privatización mediante un cheque sanitario? 

Habría que verlo en cada caso. Si alguien tiene una propuesta en esa dirección, debe presentarla, hacer números y explicar a los ciudadanos porque es más ventajoso. Si a nosotros se nos dice que una determinada externalización o privatización de la gestión sanitaria mejoraría la sanidad no nos vamos a oponer, pero por ahora nadie lo ha demostrado. Lo que se está haciendo, en realidad, es desviar la gestión hacia empresas que en muchos casos son de amigos o de grupos económicos afines. Pero todavía no nos han enseñado números creíbles que demuestren que ese tipo de externalización mejora los resultados. 

Aparte de la sanidad, el otro gran pilar público es la educación. Usted es Doctor en Filosofía e imparte clase en la Universidad de Deusto. Los informes PISA dejan a España muy por debajo de la media europea y en el ámbito universitario, ninguna universidad española se encuentra dentro de las 200 primeras en el ranking de Shangahi. ¿Cuál es el futuro de la educación en España? 

Hace falta un proyecto educativo serio. En España, la educación presenta dos problemas. Uno está relacionado con la estructura administrativa: existen 17 sistemas educativos, uno por comunidad autónoma. Se ha acabado con la movilidad de profesores y alumnos y, además, se ha multiplicado el gasto escolar sin mejorar los resultados académicos. 

El segundo problema es de modelo educativo, que en España se conoce como el modelo comprensivo. Este sistema está lleno de errores, es malo y mejorable. El modelo de España fue el dominante en Europa hace 30 años, pero comenzó a mostrar fallos y los demás países lo cambiaron. Sin embargo, aquí sigue igual. El resultado es que cada vez los estudiantes salen de la enseñanza obligatoria con menos conocimientos. No puede ser que, en el primer año de una a carrera de ciencias, los profesores se vean obligados a explicar las matemáticas que se deberían haber aprendido en bachiller. O que en una carrera de humanidades no le puedas decir a un estudiante que se lea un artículo en inglés porque no lo entiende. Es necesaria una reforma. 

En casi todas las medidas aplicadas por el ejecutivo de Rajoy, se ha visto a un gobierno dubitativo, como comentaba anteriormente. Algunas  parece que se han tomado más por presión europea que por iniciativa propia. ¿Estamos perdiendo soberanía propia en pos de la acción europea? 

Sin duda. Para empezar, hay que tener en cuenta que el concepto de soberanía se ha relativizado mucho. Cuando un país entra en la Unión Europea pierde soberanía; por ejemplo, si entra en la zona euro pierde la soberanía monetaria. Eso en sí no es ni malo ni bueno, lo que ocurre es que a cambio de esa cesión de soberanía, Europa tenía que ser una democracia. Y no lo es, sigue siendo un club de gobiernos y cada vez se ve con mayor claridad. Se han tomado decisiones que tienen muy poco que ver con los problemas de los ciudadanos y con la necesidad de solucionar los problemas. Como consecuencia, la crisis se agrava cada vez más. 

Bajo la pesimista situación actual, ¿hacia dónde cree que se dirige España? 

Hacia donde ya está: un caos bastante complicado. Creo que saldremos de la crisis, pero va a ser muy costoso, y no vamos a salir de la mejor manera posible. Se podría haber salido de una manera más equitativa, con menos sufrimiento de mucha gente. Es terrible el aumento de la pobreza que estamos experimentando en España: tenemos junto con Bulgaria y Rumanía el mayor riesgo de exclusión social de Europa. Es una salvajada; es intolerable que el 25% de los niños vivan en familias en una situación de pobreza. Este debería ser el primer objetivo para salir de la crisis: repartir los costos. Y no se está haciendo, se está dando prioridad a rescatar a un sistema financiero podrido, mientras se deja caer a la gente en la pobreza. ¿Saldremos de la crisis? Sí, pero podríamos haber salido antes con una mayor igualdad y equidad, a través de unas políticas diferentes. 

[Entrevista publicada originalmente en enero de 2013 en Eclectic Magazine]