La crisis perpetua

“Las imágenes de Instagram son positivas. Creo que es difícil mostrarse negativo a través de la fotografía; a la gente le encanta compartir la belleza de nuestra realidad: hay tanta belleza, tanta inspiración. Los usuarios se ven inmersos en una reacción masiva […] Cada usuario es un mensaje, un mensaje positivo.”

Kevin Systrom, fundador de Instagram, en una entrevista para la revista Vanity Fair.

El 26 de mayo de 2015, la modelo Kendall Jenner publicó una foto en su cuenta de Instagram. Desde una perspectiva cenital, aparecía tumbada y en su peinado se formaba un patrón con corazones. A día de hoy, es la imágen con más “Likes” de la aplicación: 3,5 millones. “La foto no estaba planificada. Tenía un mal día, uno de esos días en los que todo es una mierda. De repente, mis amigas me peinaron y pensé: ¿esto está bien, no?” En pocos días, miles de personas comenzaron a publicar fotos similares a la de Kendall Jenner.

En nuestra sociedad actual estamos obligados a disfrutar. Ser positivos se ha convertido en una obligación, una labor extraña y pervertida. Este deseo no se constituye, únicamente, de la necesidad –natural o impostada- por una cosa concreta: es también el deseo por el mismo deseo. El desear continuar deseando. Desear-disfrutar se ha convertido en la única ideología, la única forma de vida aceptable.

La imposición de esta obsesión ha desintegrado lo real. Se han eliminado todos los referentes, la imagen constituye la verdad, lo hiperreal. No se trata de imitación ni reiteración, incluso de parodia, sino de una suplantación de lo real por los signos de lo real. La simulación se ha impuesto.

El simulacro ha obligado a eliminar cualquier referencia de lo vulgar. No hay cabida para el hastío, para lo intrascendente. Se ha delimitado la existencia: es necesario que lo extraordinario se transforme en costumbre. En el mundo del simulacro, la cotidianidad es subversiva. Pero lo vulgar sobrevive y aún domina nuestra vida. Entonces, la existencia diaria se convierte en una crisis, una crisis que debe ser perpetua.