Entrevista: Fernando Savater

[Mejor leerla en PDF | Esta entrevista es un trabajo conjunto de Víctor Ruiz-Alejos Forcada y un servidor | Finalistas Concurso Jóvenes Periodistas de Vanity Fair ]

Una bata y unos ojos entreabiertos son su carta de presentación. Su relación con Madrid nunca ha sido idílica pero su pequeño piso funciona como un refugio. Se siente cómodo rodeado de miles de libros y una gran televisión donde sigue carreras de caballos de todo el mundo, su segunda gran pasión después de la lectura. Se considera una persona colérica pero su sonrisa constante delata que hacen falta más que unas malas palabras para provocar su enfado. Fernando Savater (San Sebastián, 1947) reflexiona desde la experiencia sobre aquellos temas que no ocupan portadas. Sin contemplaciones, igual que su filosofía. 

Después de tantos años, ¿quién es Savater para Savater? ¿Ha llegado a conocerse alguna vez? 

No, tampoco me he esforzado mucho. He sentido curiosidad por casi todo lo demás –el mundo, los libros–, pero no por mí. No soy muy dado a la introspección, me tengo demasiado cerca. 

Empezó a escribir muy joven, sobre los diez años. ¿Qué es más importante, el instinto o el aprendizaje? 

Un poco de ambas. La lectura es la verdadera preparación para escribir. Primero imitas a unos autores, incluso copias –inconscientemente– y con el tiempo vas adquiriendo tus propias virtudes o tus propios errores; te vas pareciendo más a ti mismo. 

Siempre ha dicho que lo que hace –leer, pensar, escribir, hablar…– no se puede considerar un trabajo, sino una actividad, un entretenimiento. 

Sí, he tenido la habilidad de cobrar por hacer lo que me gusta. Convencer a los demás para que te paguen por lo que normalmente harías gratis es una aptitud fundamental en la vida (risas). En ese sentido, soy una persona muy activa pero nada trabajadora. 

Su actividad más reconocida ha sido la divulgación de la filosofía, ¿qué papel tiene actualmente esta en la sociedad? 

Creo que trata de acercarse a las preguntas que no podemos responder pero sin las cuales tampoco podemos vivir. La mayoría de cuestiones que nos planteamos en el día a día son meramente instrumentales: lo que interesa es la respuesta. En la filosofía, lo importante son las preguntas. La ciencia y otras disciplinas buscan zanjar las preguntas, pero con las de filosofía se convive. 

El también pensador Jesús Mosterín declara que la filosofía al margen de la ciencia es una disciplina banal y aburrida. ¿Es posible una filosofía sin ciencia? 

La filosofía de Mosterín es aburrida y banal, eso sin duda (risas). La ciencia responde a qué son las cosas. La literatura, en el otro extremo, se caracteriza por el subjetivismo y la interpretación personal. Y la filosofía se encuentra en un término medio: el sujeto describe el significado del mundo en el que se encuentra. Quien cree que la filosofía es una especie de ciencia llevada hasta el último extremo no entiende qué es realmente. 

La cuestión de la naturaleza humana ha sido siempre objeto de debate entre numerosos filósofos. En su opinión, ¿el ser humano nace o se hace? 

Los antropólogos dicen que los seres humanos padecemos neotenia, es decir, que nacemos demasiado pronto. Nacemos dos veces: una en el útero materno y otra en el útero social. Salimos al mundo desprovistos de casi todo tipo de instintos. Los animales nacen programados y nosotros nacemos programados para autoprogramarnos. 

¿Y cómo se debería ‘programar’ a las personas? ¿Es necesaria una educación que nos permita ser durante más tiempo niños para favorecer la creatividad? 

Educar es un proceso que nos conduce a ser adultos. Los niños no necesitan aprender a jugar; están deseando que les dejen en paz para divertirse como les dé la gana. Hay que educar para una vida en la cual esté incluida la necesidad y la responsabilidad, no solamente lo lúdico. No existe un sistema único e ideal. El problema surge cuando los malos educadores llegan antes que los buenos. En su día escribí El valor de educar donde comentaba los requisitos de cualquier educación pero…

No le han hecho mucho caso, ¿no? 

Eso me ha pasado con casi todos mis libros (risas). 

¿En un futuro, y con una educación adecuada, podríamos vivir sin Estado?

 Los seres humanos somos demasiado numerosos y diversos para no funcionar sin ningún tipo de mecanismo unificador. Muy pocas personas, quizá una pareja o poco más, pueden vivir sin unas reglas precisas. Pero en cuanto se amplía el número, las instituciones se hacen necesarias, especialmente para los débiles. Las Naciones, entendidas como Estados, cumplen actualmente una función fundamental. Los intentos de crear organizaciones internacionales para garantizar los derechos humanos no han funcionado hasta ahora de manera muy efectiva. Y son las Naciones las que garantizan estos derechos. Un hombre en la plenitud de su edad puede pensar que viviría mejor sin ninguna institución de la que depender. Pero, como dijo Hobbes, hasta el más fuerte puede morir a manos del más pequeño mientras duerme. 

¿Es posible que una Nación sobreviva sin incurrir en el nacionalismo? 

Es necesario si no se quiere convertir el Estado en una tribu. El nacionalismo en el siglo XVIII era una forma de lucha contra el poder absoluto de los reyes; fue emancipador frente al absolutismo regio. En la actualidad, sin embargo, se ha convertido en un obstáculo en un mundo cada vez más universalizado e interconectado. El nacionalismo se convierte en una separación forzosa de los humanos, en una segregación e incluso más si afecta a una estructura del Estado de derecho. 

En esta época de crisis y protestas, ¿cuál es su manual de indignación? ¿Cómo se debe actuar cuando se está enfadado con el sistema? 

Debemos evitar señalar culpables sin reflexionar antes sobre nuestras propias responsabilidades. ¡En una sociedad democrática todos somos políticos! Las cosas se hacen mal, entre otras razones, porque la gente se inhibe y espera que los demás actúen. De vez en cuando es importante recordar que los hechos injustos, seguramente, tienen alternativas. Pero buscarlas no significa tirarle a alguien una piedra. 

¿De qué mecanismos disponemos para no utilizar la violencia? 

La sociedad en sí es un mecanismo que intenta buscar paliativos y sustitutivos, alternativas racionales a la violencia. En los lugares más cruentos del mundo la gente es mucho más dulce en su trato porque saben que la violencia se encuentra presente. Por ejemplo, no hay país más cortés que México; mientras, los europeos somos mucho más bruscos. Aquí, la gente se grita gilipollas porque es muy raro que alguien lleve una pistola y le pegue un tiro a quien le ha insultado. 

¿La cultura actual propicia la ignorancia y lo burdo? 

Walter Benjamin decía que todo monumento de cultura es también un monumento de barbarie. Los grandes inventos y avances inmediatamente se pervierten. Menos de cuarenta años después de que Gutenberg inventara la imprenta casi todo lo que se editaba eran novelitas con grabados pornográficos, no es una cosa de la televisión o del día a día. Es inevitable que los instrumentos del conocimiento caigan en manos que los trivialicen. Todo lo que es potente puede ser mal utilizado. 

Después de tanto tiempo, tanta reflexión, tanto pensamiento, ¿el conocimiento está sobrevalorado? ¿Se puede ser feliz sin razón? 

Como decía Joaquín Bartrina: “si quieres ser feliz, como me dices, no analices, muchacho, no analices”. La ignorancia no hace feliz a nadie porque no es cómodo vivir una vida entregada a los demás, sin cuestionar el orden establecido. No me parece envidiable. 

¿Cómo lleva lo de hacerse viejo? 

En vista de las alternativas… (risas) 

¿Le falta algo por vivir? 

Eso espero. Lo bueno que tiene la vejez –una de las pocas cosas buenas– es que se vive mucho más en el presente. Mientras uno es joven, siempre está a la espera, a la víspera de algo bueno que va a llegar. Ahora sólo pienso en el momento. 

¿Y qué es lo que más teme? 

El dolor y la muerte de los que quiero. Hay una frase de los estoicos que mantenía: “quien ama a una mujer o a sus hijos da rehenes a la fortuna”. Cuando te pasan las cosas a ti puedes sacar pecho pero cuando le pasan a las personas que quieres te encuentras mucho más desvalido.