Entrevista: Carlos Martínez Gorriarán

Carlos Martínez Gorriarán (1959, San Sebastián) nos espera con una amigable sonrisa en su despacho. El diputado de UPyD, no se mantiene ni un minuto quieto hasta que comienza la entrevista. Ya se sabe, el ritmo de los políticos. De verbo fácil y palabra rápida, el responsable del programa político magenta nos habla de la actualidad económica, política y social. Una charla concisa que abarca desde el nacionalismo catalán hasta las medidas de Rajoy, pasando por el futuro de su partido.

Comenzó su andadura en el grupo juvenil IT -un grupo vasco de ideología marxista-, años después vino el movimiento ¡Basta Ya! y ahora UPyD. ¿Qué significa la política para usted?

Sobre todo, una obligación. Estoy en la política porque creo que debemos comprometernos, no se puede simplemente protestar. Normalmente, si esperas que otros hagan las cosas por ti, no ocurren nunca. Comencé mi actividad política durante el inicio de la Transición, en el grupo vasco IT, y posteriormente lo dejé. Varios años después, otra vez en el País Vasco, y debido a la insoportable situación creada por el terrorismo etarra, me incorporé al grupo cívico ¡Basta Ya! De ahí salió la idea de que era necesario crear un partido político nuevo. Y en eso estamos.

Sin embargo, parece que la política española se encuentra en crisis. Un 87 % de los ciudadanos, según la última encuesta de Metroscopia, es pesimista sobre la situación política actual. ¿Qué soluciones hay para paliar el desencanto actual de los ciudadanos?

La solución pasa, básicamente, por que la política sea mucho mejor. Pero también es necesario que la gente se comprometa más. En España hay mucha afición al pataleo, a protestar pero no hacer nada. Mucha indignación y cabreo pero muy poca acción y compromiso.

También se debe decir que un país tiene los políticos que se merece. A nuestros representantes los han votado los españoles. Algunos, a pesar de ser corruptos, son reelegidos una y otra vez. Y eso ocurre porque la gente quiere; no vamos a engañarnos, esto no es una dictadura, hay elecciones libres. El primer paso para comenzar a valorar la política radica en que la ciudadanos elijan mejor. 

UPyD ha defendido en numerosas ocasiones medidas para racionalizar el gasto político, en concreto, la reducción de los sueldos de los cargos públicos. ¿No cree que al recibir un sueldo menor los políticos tienen más incentivos para corromperse? 

Nosotros no queremos que se bajen los sueldos a todo el mundo. Lo que propone UPyD es que exista una ley que establezca las remuneraciones de los políticos en base a un baremo. En definitiva, que haya lógica: que se cobre más cuanto más responsabilidad y más trabajo conlleve el cargo. Lo que hay ahora es un caos, un asesor municipal puede cobrar más que el presidente del gobierno. Sin embargo, los diputados no cobran mucho para el trabajo que tienen. Además, también tenemos un problema con los profesionales del sector privado. Estos cobran mucho más en su trabajo que con un sueldo de cargo público. Y son personas competentes, que en algún momento deberían ser diputados o concejales ¿Por qué no lo son? Porque la política exige muchísima dedicación e implica perder todos los vínculos profesionales previos. Y claro, cuando se vuelve al sector privado se tienen que reconstruir esas relaciones. 

Además, a eso se le suma que durante el periodo de cargo público no se les ha pagado mucho dinero. Ahí existe un problema: no podemos pretender que los mejores se dediquen a representarnos pero luego decir, “que se busquen la vida”. 

Dentro de las reformas propuestas por su partido también se incluye la supresión de cargos públicos de libre designación. ¿Qué opinión le merece, por ejemplo, el modelo implantado en algunas ciudades de América, donde las ciudades con menos de 50.000 habitantes están gobernadas por gestores, elegidos por su capacidad y no a través de elecciones? 

Nosotros creemos que el sistema de designación de alcaldes es correcto. En España la reducción de altos cargos debería venir a través de la racionalización de las administraciones. Es decir, se deben eliminar administraciones duplicadas, diputaciones, fusionar ayuntamientos… 

También se ha dado una corriente de exageración al respecto. En España no hay medio millón de políticos, como se ha podido leer por Internet. Es cierto, que existen muchos cargos elegidos a dedo, y que ciertos funcionarios podrían hacer ese trabajo igual o mejor. Pero también necesitamos cargos públicos para el correcto funcionamiento de la democracia; para que la administración sea representativa y deliberativa. 

Uno de los grandes focos de corrupción y gasto en España se ha concentrado en las Comunidades Autónomas. ¿Ha fracasado el modelo de estado actual? 

Sí, evidentemente es un modelo insostenible. Tenemos un organigrama de estado muy caro y muy poco eficaz, que solo fue sostenible mientras se dio la época de vacas gordas. ¿Qué ha ocurrido cuando se ha venido abajo el sistema fundado en la construcción y en el crédito inmobiliario? Que el modelo se ha derrumbado: el estado y las comunidades autónomas están arruinadas. Hay que modificar el sistema autonómico. 

¿Qué modelo proponen ustedes? 

Proponemos una reforma bastante radical dirigida hacia un estado federal. En este modelo todas las comunidades autónomas tendrían las mismas competencias y el mismo sistema de financiación. La idea se basaría en la responsabilidad fiscal: cada comunidad autónoma cobraría sus propios impuestos y luego los administraría. 

Además, hay que reducir drásticamente las administraciones. No deben existir duplicidades ni triplicidades. No puede ser que un ayuntamiento tenga funciones que también tienen su diputación o el propio estado. Se tienen que distinguir claramente las competencias. Eso permitiría un ahorro, aproximado, de 40.000 millones de euros al año. 

Dentro del ámbito de las comunidades autónomas, en octubre se celebraron elecciones en el País Vasco. El PNV va a gobernar en solitario, pero lo más significativo es el ascenso de Bildu. ¿Con estos resultados, hacia donde se dirige la sociedad vasca? 

Realmente, Bildu no ha experimentado un gran ascenso, ha tenido los votos de siempre. De hecho, la participación respecto a las anteriores elecciones vascas no se ha incrementado especialmente. En los comicios de 2009, Batasuna era ilegal y, entonces, los que ahora han votado a Bildu eligieron otros partidos. Este hecho demuestra que esas personas pueden estar representadas por otras organizaciones políticas. 

Lo que es un problema grave es la inmovilidad de la izquierda abertzale. El mundo de Batasuna es un mundo que no se mueve, que sigue enrocado en una idea de la política muy poco o nada democrática. Hay que decirlo con toda claridad, es un partido que en otro país sería considerado de extrema derecha. Este hecho es preocupante porque el estado tenía ganada la batalla contra ETA y, con las últimas medidas, se les ha regalado una victoria política a la que no tenían derecho. Los militantes de Batasuna no son demócratas y van a crear muchísimos problemas. Es un cáncer que corroe el sistema y por el que, sin duda, vamos a pagar un precio. 

A pesar de la decisión del Tribunal Constitucional, ¿cree que Bildu debería estar ilegalizada? 

Sí, nosotros lo hemos pedido varias veces. El Tribunal constitucional afirmó que Bildu no era Batasuna, lo cual es un error catastrófico, porque ni si quiera ellos lo disimulan. Es evidente para todo el mundo que Bildu y Batasuna son lo mismo, otra cuestión es que no se quiera ver. Es grave que el Tribunal Constitucional se dedique a falsear la realidad. 

Continuando en el ámbito autonómico, hace unos días se constituyó el Gobierno de Artur Más. En las elecciones catalanas los resultados para UPyD no han sido especialmente favorables. Parece ser que su espacio electoral se encuentra ocupado por Ciutadans. ¿Por qué no se ha dado una unión de fuerzas si son dos partidos con ideologías prácticamente idénticas? 

No creo que seamos iguales. Ciutadans ha obtenido resultados muy buenos en estas elecciones porque eran unos comicios planteados como una consulta sobre la secesión de Cataluña. Mucha gente que está en contra de la independencia ha votado a Ciutadans por la claridad de su mensaje ¿Por qué UPyD ha sacado un resultado tan modesto? Básicamente, por dos razones. Primero, porque es muy complicado conseguir un partido fuerte en Cataluña. Y segundo, porque hemos sido invisibles durante la campaña: una vez más, mucha gente ni sabía que nos presentábamos. 

Pero al margen de eso, UPyD no saca sus mejores resultados en las elecciones autonómicas, a diferencia de las nacionales. Y es algo que tenemos que mejorar, pero no por ello hay que retirarse de Cataluña. Si hiciésemos eso dejaríamos de ser un partido nacional. 

CiU y ERC han acordado realizar una consulta sobre la independencia de Cataluña en 2014. Bajo la legislación actual, sin embargo, este referéndum sería ilegal. ¿UPyD votaría a favor de una reforma de la constitución que permitiese el derecho a la autodeterminación a través de un referéndum? 

La autodeterminación no, porque significaría la existencia de una parte que decide por el todo; es decir, introduciría una desigualdad radical. Si se aceptara la autodeterminación de Cataluña se estaría afirmando que es una entidad soberana. Además, los catalanes votarían sobre lo que pasa no solo en Cataluña, sino en el resto de España. Y evidentemente, sobre lo que afecta al conjunto del país debemos votar todos los españoles. En lo que sí estaríamos de acuerdo es en estudiar la celebración de un referéndum en el cual todos los ciudadanos votasen. Porque si solo votan los catalanes -o los vasco, o los gallegos, o los de Huelva-, se está dando por buena la ruptura previa del estado. Se estaría aceptando que no todos tenemos los mismos derechos y que hay ciudadanos de primera y de segunda. 

Se acusa a UPyD de combatir el nacionalismo periférico con un nacionalismo central. ¿Cuál es su idea de ser español? 

Para mí, ser español es ser ciudadano de tu país. No es más que una simple casualidad: nadie pide donde nacer. La ciudadanía es fundamental porque otorga libertad e igualdad a las personas. Y eso es tener la nacionalidad española: la ciudadanía de un país que es constitucional. 

Por mucho que se diga, esto no es nacionalismo. Lo que ocurre es que los nacionalistas se dedican a decir que todo el mundo es como ellos. Y claro, si no eres de los suyos te dicen que eres nacionalista de los otros. Además, como España es un país con muy poca cultura política, la izquierda acomplejada ha hecho suya esta majadería y se dedican a decir que es nacionalista cualquiera que lleve la contraria a los mismos. Es una acusación absurda. 

UPyD, tiene como objetivo, a corto plazo, ser la tercera fuerza política de España. Sin embargo, gran parte de sus votos se concentran en Madrid (y en menor medida Valencia). ¿Se puede llegar a ser tercera fuerza con unos resultados tan discretos en Andalucía, Galicia y Cataluña? ¿Debe UPyD cambiar de estrategia? 

En realidad, en varias de estas comunidades tenemos muchos votos, lo que pasa es que tienen leyes electorales muy injustas con las que es muy difícil entrar en los respectivos parlamentos. Legislaciones que se han hecho para impedir que los partidos nuevos entren; para restringir el pluralismo y reforzar el bipartidismo. 

A pesar de ello, tenemos un número creciente de votos fuera de Madrid en cada proceso electoral. En 2008, cuando se creó el partido, teníamos prácticamente la mitad de los votos en Madrid, pero en las últimas elecciones ya tuvimos fuera más dos tercios. Es un proceso que lleva tiempo. Lo que es absurdo, es pensar que en cinco años un partido político va a obtener los mismos resultados en toda España, como si fuera un país homogéneo y empezar a cambiar de estrategia nacional. 

Hablando de estrategias, parece ser que la adoptada por el PP durante este año de gobierno no está gustando ni a sus propios votantes. ¿Qué opinión le merece el primer año de legislatura en términos económicos-políticos? 

La prueba catastrófica de una enorme improvisación. Es evidente que el PP no tenía ningún plan, ni alternativa económica ni política. La situación ha empeorado con ellos, pero no porque gobiernen peor que el PSOE, sino porque lo hacen igual. Apenas hay diferencias de fondo entre la política que siguió Zapatero y la que está manteniendo Rajoy. Para empezar, ambos han negado la realidad. Por ejemplo, ahora se está insistiendo, desde el Ejecutivo, que en el año 2013 vamos a comenzar a crecer. Esto no se lo cree nadie. Es el mismo empeño en tratar a la gente como si fuera idiota; el mismo empeño en el pensamiento mágico de que las cosas se cambian con palabras en vez de con acciones. En ese sentido, ha sido un año muy decepcionante porque se ha visto como el PP no tenía ningún proyecto. No solo en economía, tampoco en educación, ni en servicios sociales. 

En realidad, toda la política del PP este año se ha dirigido a dos objetivos. Por un lado, a salvar a las cajas de ahorro, es decir, la parte del sistema financiero que había quebrado. España se está arruinando porque está invirtiendo el dinero que tiene -y el que no tiene- en salvar un sistema financiero que se debería haber dejado caer ordenadamente. Por otra parte, se niegan a cambiar la estructura del estado ¿Por qué? Porque es la cantera donde colocan a sus cuadros los partidos políticos tradicionales. 

Dentro del ámbito económico, el modelo productivo español se encuentra en franco declive, con casi seis millones de parados. Hay una generación que ni estudia ni trabaja y está prácticamente perdida en el mercado laboral. ¿Hay salida para esta situación? 

Bueno, es recuperable. Se pueden estudiar planes para darle a esa gente la formación que no tienen. Pero también se deben realizar otras reformas, especialmente laborales. En España hay un problema grave respecto a la estructura del mercado laboral: hay mucho empleo barato porque es precario. Si no fuese tan barato a las empresas les interesaría formar bien a sus trabajadores para que sigan en la empresa todo el tiempo que puedan. En cambio, a un trabajador que cobra una porquería se le puede despedir cuando quiera. 

En consecuencia, en España las crisis económicas siempre se “solucionan” despidiendo a trabajadores. Por eso somos un país con un paro altísimo. La causa de ello es nuestro mercado laboral, que es dual. Por ejemplo, si un joven busca trabajo y lo encuentra, tiene un 95 % de probabilidades de que sea precario, porque los empleos protegidos se han quedado para una minoría de empleados mayores. 

Nosotros lo que proponemos es un mercado radicalmente distinto, con contrato único. Esto permitiría que todo el mundo tuviese los mismos derechos laborales y que las empresas se interesasen en mantener y mejorar sus plantillas, como en otros países. Por ejemplo, en Alemania y Austria, en épocas de crisis económica, se ha reducido las horas de trabajo y no se han producido despidos masivos. Posteriormente, cuando aumentaba la actividad económica se volvía a ampliar las horas de trabajo. En España no se puede hacer nada de eso porque hay una legislación laboral que lo impide y que solo interesa a patronales y sindicatos. Además, también hace falta un modelo económico que logre crear empleo. 

Hablando del modelo económico, ¿hay vida más allá del ladrillo? 

Sí, claro. Es necesario disponer un modelo económico basado en empresas con alto valor añadido. De hecho, lo que mantiene a flote a la economía española es la industria exportadora. España tiene industrias muy buenas y no se les está apoyando, ni protegiendo de los efectos de la crisis. Y ahí se encuentra el cambio del modelo económico: olvidarnos del ladrillo. Se tiene que conseguir que el sector financiero se dedique a dar créditos a emprendedores, a gente que se quiere dedicar a crear nuevas empresas, también a las empresas grandes. En definitiva, que no dependamos de la demanda de viviendas.

Antes ha mencionado a los servicios públicos. Últimamente, ha estado en la agenda mediática el tema de las privatización de la sanidad.  ¿Hay cabida en UPyD a las ideas que abogan por un modelo de concesión o de privatización mediante un cheque sanitario? 

Habría que verlo en cada caso. Si alguien tiene una propuesta en esa dirección, debe presentarla, hacer números y explicar a los ciudadanos porque es más ventajoso. Si a nosotros se nos dice que una determinada externalización o privatización de la gestión sanitaria mejoraría la sanidad no nos vamos a oponer, pero por ahora nadie lo ha demostrado. Lo que se está haciendo, en realidad, es desviar la gestión hacia empresas que en muchos casos son de amigos o de grupos económicos afines. Pero todavía no nos han enseñado números creíbles que demuestren que ese tipo de externalización mejora los resultados. 

Aparte de la sanidad, el otro gran pilar público es la educación. Usted es Doctor en Filosofía e imparte clase en la Universidad de Deusto. Los informes PISA dejan a España muy por debajo de la media europea y en el ámbito universitario, ninguna universidad española se encuentra dentro de las 200 primeras en el ranking de Shangahi. ¿Cuál es el futuro de la educación en España? 

Hace falta un proyecto educativo serio. En España, la educación presenta dos problemas. Uno está relacionado con la estructura administrativa: existen 17 sistemas educativos, uno por comunidad autónoma. Se ha acabado con la movilidad de profesores y alumnos y, además, se ha multiplicado el gasto escolar sin mejorar los resultados académicos. 

El segundo problema es de modelo educativo, que en España se conoce como el modelo comprensivo. Este sistema está lleno de errores, es malo y mejorable. El modelo de España fue el dominante en Europa hace 30 años, pero comenzó a mostrar fallos y los demás países lo cambiaron. Sin embargo, aquí sigue igual. El resultado es que cada vez los estudiantes salen de la enseñanza obligatoria con menos conocimientos. No puede ser que, en el primer año de una a carrera de ciencias, los profesores se vean obligados a explicar las matemáticas que se deberían haber aprendido en bachiller. O que en una carrera de humanidades no le puedas decir a un estudiante que se lea un artículo en inglés porque no lo entiende. Es necesaria una reforma. 

En casi todas las medidas aplicadas por el ejecutivo de Rajoy, se ha visto a un gobierno dubitativo, como comentaba anteriormente. Algunas  parece que se han tomado más por presión europea que por iniciativa propia. ¿Estamos perdiendo soberanía propia en pos de la acción europea? 

Sin duda. Para empezar, hay que tener en cuenta que el concepto de soberanía se ha relativizado mucho. Cuando un país entra en la Unión Europea pierde soberanía; por ejemplo, si entra en la zona euro pierde la soberanía monetaria. Eso en sí no es ni malo ni bueno, lo que ocurre es que a cambio de esa cesión de soberanía, Europa tenía que ser una democracia. Y no lo es, sigue siendo un club de gobiernos y cada vez se ve con mayor claridad. Se han tomado decisiones que tienen muy poco que ver con los problemas de los ciudadanos y con la necesidad de solucionar los problemas. Como consecuencia, la crisis se agrava cada vez más. 

Bajo la pesimista situación actual, ¿hacia dónde cree que se dirige España? 

Hacia donde ya está: un caos bastante complicado. Creo que saldremos de la crisis, pero va a ser muy costoso, y no vamos a salir de la mejor manera posible. Se podría haber salido de una manera más equitativa, con menos sufrimiento de mucha gente. Es terrible el aumento de la pobreza que estamos experimentando en España: tenemos junto con Bulgaria y Rumanía el mayor riesgo de exclusión social de Europa. Es una salvajada; es intolerable que el 25% de los niños vivan en familias en una situación de pobreza. Este debería ser el primer objetivo para salir de la crisis: repartir los costos. Y no se está haciendo, se está dando prioridad a rescatar a un sistema financiero podrido, mientras se deja caer a la gente en la pobreza. ¿Saldremos de la crisis? Sí, pero podríamos haber salido antes con una mayor igualdad y equidad, a través de unas políticas diferentes. 

[Entrevista publicada originalmente en enero de 2013 en Eclectic Magazine]