El revolucionario guanche (I) - La lucha por la independencia

Argel, tarde noche del 5 de abril de 1978. Antonio Cubillo entró en el portón de su casa, en la Avenida de Pekín. Dos hombres, vestidos completamente de negro, esperaban al ascensor.

-Bonsoir – dijo Cubillo al verles.

-Bonsoir- les respondieron los individuos.

Tras el saludo Cubillo se giró y comenzó a subir por las escaleras. Al ver el movimiento, los dos hombres se abalanzaron sobre él. Uno de ellos agarró a Cubillo mientras el otro sacó un cuchillo de su ropa y le asestó dos puñaladas, la primera en el estómago y la otra en la espada. El agresor acercó el cuchillo al cuello para realizar un tercer y mortal navajazo.

Sin embargo, el ruido de unas llaves resonó en la entrada del portón. Un hombre grande, de unos dos metros, entró al edificio. Los asaltantes, al percatarse de la entrada de un posible testigo, huyeron corriendo del lugar. Antonio Cubillo cayó por las escaleras y yació en el suelo, desangrándose. Se acababa de perpetuar el único caso de terrorismo de estado reconocido por la justicia española.

“Yo caí varios escalones, los dos agresores huyeron y Okpi me atendió”, rememora Cubillo, 34 años más tarde. “Recuerdo perfectamente que se me salieron las tripas y que yo mismo las sujeté y me las metí”. Antonio Cubillo (1930), originario de La Laguna, Tenerife; volvió a nacer ese día. Dos casualidades permitieron salvar su vida: un partido de fútbol y un cura. “Aquella tarde se televisaba el partido de fútbol entre las selecciones de Argelia y Hungría y no había apenas nadie en la calle.” Gracias al partido, el tinerfeño llegó al hospital pero había perdido mucha sangre. “Llegué al hospital con un litro y medio”. Para su fortuna, en el centro se encontraba un cura suizo con su mismo grupo sanguíneo. Necesitó tres litros de sangre del sacerdote. 

Pero los efectos del atentado permanecerían para siempre. La cuchillada que le propiciaron en la espalda le afectó a su médula espinal. “Me quedé muy jodido. Llevo desde entonces valiéndome de muletas por una parálisis parcial. Pero mire, aquí sigo”. Antonio Cubillo sigue, a pesar de su edad y su condición física, combatiendo por su sueño: un Archipiélago Canario independiente de España. 

Su peculiar historia comienza en los años 60. Eran tiempos convulsos en Canarias. El Corredera, un famoso opositor al franquismo había sido ejecutado hacía un año. En África se habían iniciado los procesos de descolonización. El chabolismo y la marginación eran fenómenos cada vez más frecuentes en las islas. Mientras, el franquismo mantenía su represión a las libertades y favorecía un duradero caciquismo. 

En aquella época, Cubillo trabajaba en un bufete laboralista del que posteriormente surgiría la delegación canaria de Comisiones Obreras. Sus ideales le llevaron a crear, junto con otros activistas de izquierdas, Canarias Libre, un movimiento nacionalista vinculado al desaparecido Partido Comunista. Durante aquel periodo, su participación en protestas y manifestaciones hicieron que sus estancias en la cárcel fuesen frecuentes, aunque breves. “Nosotros repartíamos propaganda de independencia en todas las huelgas. Les decíamos: españoles lárguense de aquí”. 

Sin embargo, el sueño de Canarias Libre duró poco. La falta de apoyo y la pobre organización de movimiento condujeron a una desaparición anunciada. En marzo de 1962, todo el grupo, excepto Cubillo que se encontraba en Tenerife, fue detenido en Las Palmas. Tras el suceso, el activista tinerfeño inició una serie de conversaciones con Santiago Carillo, Secretario General del PCE, para reconstruir el Partido Comunista Canario. Pero Carrillo no compartía las pretensiones independentistas de Cubillo. 

-Nos hemos enterado de que tú hablas mucho de independencia y eso no nos gusta. Eso es una cosa de pequeño-burgués- le espetó el dirigente comunista. 

-Qué coño va a ser pequeño-burgués –le respondió Cubillo- Nosotros queremos la independencia porque somos una colonia conquistado por los españoles. Yo conozco la historia de Canarias. 

Las convicciones nacionalistas de Cubillo vienen de lejos. En su infancia estuvo rodeado de inmigrantes cubanos que se establecieron en La Laguna. Aquellos relatos sobre la independencia de Cuba despertaron su interés por la historia de Canarias y la lucha por la secesión. Para Cubillo las Canarias eran y son “un territorio ocupado por el Estado Español. Y por lo tanto, “todo español residente en las islas debe marcharse" de allí. 

Sus obstinados ideales hicieron que el acuerdo con el Partido Comunista fuese imposible. Ante tal panorama y perseguido por la justicia, en 1963 el activista decidió desplazarse a París y, posteriormente a Argelia. Fue en este país, un año después, cuando decidió crear la organización que le dio fama internacional: el MPAIAC (Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario). “Con el MPAIC queríamos alcanzar la liberación de las instituciones coloniales y todo su sistema de dominación”, asegura Cubillo. 

El MPAIC se caracterizaba por una línea africanista unida a la exaltación de los orígenes canarios mediante la figura de los aborígenes. “Canarias no es parte de Europa, Canarias es parte de África”, repetía una y otra vez Cubillo. El movimiento pronto llamó la atención del gobierno argelino que veía en él un gran apoyo para sus movimientos expansionistas. En 1968, la OUA (una suerte de Unión Europea africana), gracias a Argelia, declaró el archipiélago canario “geográficamente africano”. 

Sin embargo, la movilización real del MPAIAC y sus apoyos eran escasos. Bajo aquella situación y a la estela de otras organizaciones terroristas como ETA, los dirigentes del MPAIAC -encabezados por Antonio Cubillo- decidieron comenzar la lucha armada. El 1 de noviembre de 1976, las Fuerzas Armadas Guanches, el brazo armado del MPAIAC, explosionaron una bomba en Galerías Preciados de Las Palmas de Gran Canaria. 

“Eran pocos, pero daban su guerrita”, aseguró en su momento Francisco Laína, gobernador civil de Las Palmas. En dieciocho meses de lucha armada, el MPAIAC colocó 60 artefactos explosivos de los cuales explotaron 28. El movimiento se nutría económicamente de pequeños atracos y hurtos, puesto que el impuesto revolucionario que intentó implantar no llegó a triunfar en las islas. A ello se le sumó la explosiva propaganda política emitida por Antonio Cubillo a través de La Voz de Canaria Libre, en Radio Argel. 

“Nosotros pusimos bombas. Y en cantidad, claro que sí. Pero nuestro fin no era matar a nadie. Lo que hacíamos se llamaba propaganda armada”, asegura el líder del MPAIAC. Sin embargo, dos de estas bombas desembocaron en tragedias. El 27 de marzo de 1977, un explosivo situado en el Aeropuerto de las Palmas obligó a desviar todos los vuelos a las pistas de Los Rodeos, en Tenerife. Esta fue una de las muchas fatalidades que provocaron el peor accidente de la historia de la aviación: un choque de dos Boing 747 que se saldó con la muerte de 583 personas. 

Un año más tarde, la violencia acabó en muerte. El 24 de febrero de 1978, un artefacto atribuido al MPAIAC explosionó cuando el TEDAX Rafael Valdenebros lo manipulaba para su desactivación. El policía resultó gravemente herido y murió días después en el hospital. Valdenebros fue la primera y única víctima provocada por el terrorismo canario. 

Paralelamente a la acción violenta, el MPAIAC realizó una intensa campaña política por África. En febrero de 1978, el Comité de Liberación de la OUA, encargado de las descolonizaciones en los países africanos, se reunió en Trípoli. El Comité, según un militar de alto rango de Tanzania, “había decidido apoyar al MPAIAC y enviar una comisión para supervisar el proceso de descolonización en Canarias”. El objetivo final por parte de Cubillo era que la ONU apoyara una resolución a favor de la independencia del archipiélago para comenzar un proceso de descolonización. 

Ante estos hechos, las Cortes españolas no tardaron en reaccionar. El 14 de febrero declararon la reunión de Trípoli como “una intervención injustificable en los asuntos de España”. La propuesta fue aprobada por todos los senadores menos uno, Lluís Maria Xirinacs. El senador argumentó que “Canarias tenía derecho a la independencia”. Aun así, en la Península pocos confiaban en la capacidad de Cubillo y el MPAIAC para iniciar un supuesto “proceso descolonizador”. Sin embargo, y como se comprobaría dos meses más tarde, en abril, el asunto preocupaba en el seno del Estado Español. 

"Decidieron matarme para evitar el calendario de descolonización”, afirma Cubillo. La aventura soberanista se derrumbó aquel 5 de abril de 1978. El intento de asesinato a Cubillo acabó con las ilusiones descolonizadores del tinerfeño. “La historia habría cambiado si hubiera podido hablar antes las Naciones Unidas”, asegura con solemnidad. 

El MPAIAC también acusó aquel frustrado asesinato. Considerado ya por aquel entonces un movimiento estrafalario y minoritario, inició un proceso de desfragmentación. A ello se le unieron las acciones policiales que debilitaron el grupo. A finales de 1978 el MPAIAC anunció su cese de la lucha armada. Un año más tarde, Cubillo fue expulsado del movimiento por desavenencias con el mismo: finalizaban 15 años de lucha por la soberanía del archipiélago. 

Pero remontémonos, de nuevo, unos meses antes de su atentado. Cubillo había iniciado conversaciones con José Luis Espinosa Pardo, un antiguo miembro de los GRAPO y el FRAP y ex-militante en el PCE(r). Espinosa Pardo estaba interesado en unirse a la causa del MPAIAC. Aunque parezca irrelevante, aquel hombre marcaría el destino de Cubillo y de su movimiento. Había comenzado la Operación Mallorca. El objetivo: matar a Antonio Cubillo. 

[Este reportaje fue publicado originalmente en octubre de 2012 en Eclectic Magazine]